Con Espíritu Nómade

Encuentro con el Volcán Yasur, el más accesible del mundo

Increíble, majestuoso, inmutable. Los rugidos apavoran, alucinan, nos ponen en estado de alerta. Se siente la vibración en la tierra, desde adentro, bien desde adentro. Eso de ver roca líquida y volátil es una imagen nunca vivida, nunca imaginada, casi como de otro mundo.

¡Wow! ¡Esto es un volcán! Gritaron las chicas con excitación al sentir en carne propia la omnipresencia del volcán. ¡Nada que ver a los que hacemos con vinagre, colorante rojo y bicarbonato de sodio! ¿Qué más podría mostrarles, enseñarles? Tal vez no sepan bien las reglas gramaticales o tarden en recitar las tablas de multiplicar… pero que aprehenden de las fuerzas de la naturaleza y aprenden cómo sobrevivir en situaciones precarias, ¡Sí! ¡Eso sí!

La leyenda cuenta que cuando Don Yasur, el Volcán, estaba buscando una nueva casa, probó el mar y no le gustó, entonces caminó hacia la isla de Tanna, en Vanuatu, y le gustó. Al anochecer encontró a dos mujeres cocinando laplap en sus hornos. Les pidió fuego para su pipa y gentilmente se lo dieron. Yasur estaba feliz, se sentía calentito entre los hornos de las mujeres y ahí se quedó. EL suelo rugió, la isla entera escuchó el rugido. El suelo tembló, toda la isla sintió el temblor. El suelo se agitó y toda la isla sintió su agitación. Grandes grietas se abrieron en el suelo, fuego y lava dispararon hacia el cielo. Yasur había encontrado su lugar.

Hoy Yasur sigue rugiendo, temblando y agitándose. Es ahí dónde lo conocimos.

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